
En el rincón más recóndito de la Tierra te espero,
junto a las miserias que se ocultan en mi corazón
ardiendo en la penumbra de los días muertos
que marcan el sino de nuestra existencia.
Allí donde los crisantemos acarician,
donde las sonrisas se quiebran
y donde todos los sonidos se transforman
en muecas de dolor, en papeles mojados,
en latidos de hojalata, en penumbra...
Te espero caminando despacio,
sin rumbo, sin aliento, sin sentido,
sin el embriagador aroma de tu pelo,
sin lágrimas, sin tierra mojada,
sin cuerpo, sin alma...
sin violines.
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