
Cuando las estrellan dejen de brillar,
los torrentes no muevan ya molinos
los torrentes no muevan ya molinos
y la luna parta en dos el alma
de las noches cálidas,
volveré a besar tus labios,
a robarte tu aliento helado,
a morder y a lamer tu cuerpo,
a quemarte la máldita piel
con las llagas de mis dedos.
Cuando muera el Sol en tus manos
dejaré de ser un hombre,
caminaré sin rumbo de nuevo
para acostarme otra vez en las aceras,
y vomitar los tristes versos escritos
en las madrugadas insomnes,
pelear a cara de perro con la esperanza
y perder una y mil veces la cordura,
para resucitar con tus dedos
clavados en mi espalda,
dibujando mentiras en mi piel
mientras las lenguas mojadas
se enredan y suplican querese.
Aprovecha el último suspiro,
el último mordisco,
el último grito desgarrado
regurgitando en mi garganta,
antes del final,
y devuélveme la sonrisa
mientras dure la oscuridad.
Déjame estar vivo sólo esta noche
para poder morirme, por última vez,
en el calor de tus brazos.



