Aquí estoy de nuevo, escuchando Paco Bello a la vez que preparo el trabajo para mañana. Tengo un caso difícil: un señor de 87 años que se ha caído y se ha roto la cadera. Tiene una fractura subtrocantérea con mal pronóstico. En mis primeras intervenciones estamos Nu y yo asesorando a su hija (único familiar que vive con él) para hacer transferencias asistidas de la cama a la silla de ruedas, más que nada para que no se destroce la espalda en el intento.A veces me hacen gracia los médicos. El traumatólogo de este señor asegura que no volverá a andar, dada su avanzada edad. Sin embargo, he decidido realizar un programa de Rehabilitación con esta persona porque estoy segurísimo de que volverá a caminar, aunque sea con un andador. Aseguro esto porque antes de sufrir el accidente, el señor era totalmente autónomo, con lo que no se le debe abandonar a su suerte.
Por lo demás nada más. Necesito seguir muriendo a los ojos de la luna con la noche abrazándome, sin dejarme huír. Soy feliz por la noche y ojalá cayese por siempre, con el cielo estrellado, mientras los gatos ronronean y el silencio me dicta los pasos, alejados siempre del maldito amanecer.
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