Desde la lejanía, a veces sueño con esfumarme con el viento del norte que por aquí sopla con tanta violencia. Es curioso, pero el viento es una de las cosas que más me relajan. Después de gritos, peleas, reproches, canciones inacabadas, esfuerzos inútiles, gritos ahogados en la sobra.., el viento me hace sentir bien, feliz, relajado.
Cuando las cosas no me funcionan como creo que tienen que funcionar, me frustro y me ahogo en medio vaso de agua, pero las penas y el desasosiego no se ahogan. Cuando uno llega a un punto de no retorno, lo mejor es, aunque suene paradójico, volver.
Pero tengo miedo volver y que nada vuelva a ser como antes. Hacía mucho tiempo que no tenía miedo en mi vida y ahora lo vuelvo a tener, como cuando tenía 13 años y me daba miedo preguntar a chicos de mi clase si podía jugar con ellos al fútbol. No quiero seguir teniendo este sentimiento que me amordaza, me paraliza y no me deja ser lo que soy.
Tengo claro que esta decisión la tengo que tomar sin pensar, porque la razón y el pensamiento, que nunca fue una de mis cualidades más brillantes, con los años está aflorando en mí como nunca me hubiera imaginado. Ya no soy el de antes, he cambiado tanto que no me reconozco y he enterrado, sin querer hacerlo, la ilusión y la inocencia de los tontos.
Pues sí, ahora la razón me dice que espere, que no me precipite y que tome una decisión sensata. Mi "yo pasado" ya no estaría aquí, se habría ido junto a las personas que siempre le hicieron sonreir. Pero, ¿a qué parte de mi desdoblada personalidad hago caso?
LA LOCURA ES BELLA
Mi vida es como un cuadro de Van Gogh
martes, 27 de marzo de 2007
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